Precedida eso sí por su hermano mayor Craig, que está contando historias de cuando ambos eran pequeños y me parece un orador excelente, muy espontáneo. Ha triunfado con las metáforas baloncestistas sobre su presidenciable cuñado "es valiente, tira si ve hueco. Es un gran jugador de equipo, hace mejor a la gente que le rodea". Un buena introducción, sí señor, ahora veamos que tal lo hace la estrella de la noche. Michelle Obama ha hecho su entrada, un poco seria, pero el público la ha acogido bien.
Se la ve nerviosa, pero poco a poco se anima. Se nota que en la campaña le han quitado carga política, porque es del todo familiar: su madre, su hermano, su marido por supuesto, sus hijas... no se sale del guión de primera dama. Al principio habla menos de Obama en particular que de su familia en general, pero pronto empieza a contarnos su historia como "community organizer" en Chicago.
Se está entonando, sin duda. Todo un alegato de la clase media en el que se las ha apañado para colar una alabanza a Hillary Clinton. Como está mandado, también ha dejado bien claro que ama a su país, por si alguien duda tras sus polémicas declaraciones sobre el orgullo americano.
Gran final, como no podía ser menos, destacando a América como el país de la oportunidad donde "yo, una chica del South Side de Chicago, puede ir a la Universidad y a la facultad de Derecho. Y el hijo de una madre soltera de Hawaii puede llegar a la Casa Blanca".
Lo mejor sin embargo, estaba por llegar. Aparición en el escenario de las hijas del matrimonio y en las pantallas, del propio Barack Obama, interrumpido a cada minuto por su hija pequeña. Está resultando un poco raro pero la chica tiene futuro. Cuando su padre le ha preguntado qué tal lo ha hecho su madre en el discurso, ha dicho que bien. Chica lista, de casta le viene al galgo (lo digo por su madre).