lunes, 22 de enero de 2007

Hillary y Bill, Bill y Hillary


Y Bill, ¿qué dice de todo esto? Pues públicamente, Bill Clinton parece encantadísimo con las ambiciones presidenciales de su mujer, pero la pregunta clave no es qué piensa el posible primer Primer Caballero de la historia de Estados Unidos, la cuestión es qué opina el electorado.

En muchos sentidos, su marido puede ser la mejor y la peor baza de Hillary para alcanzar la Casa Blanca.

En la columna de lo POSITIVO (+):

  • Dinerito. Bill es una máquina de recaudar fondos. No hay empresario que no le coja el teléfono y se rasque el bolsillo en donaciones de campaña. Imagínese los contactos que consigue uno en ocho exitosos años de presidencia... la pasta, guste o no, es clave para ganar en noviembre de 2008.
  • Popularidad. Sigue siendo una estrella entre los demócratas. Cada vez que aparece en un mitin, la parroquia se viene abajo. Se ha visto bien en las pasadas elecciones legislativas. Ningún otro político, su esposa incluida, ha recibido tantísimas invitaciones y súplicas para aparecer en actos de campaña con los candidatos.
  • Experiencia. Mirándolo de forma estricta, ¿quién es Hillary? Una senadora que lleva seis años en la cámara sin grandes éxitos legislativos. Su patrimonio es que pasó ocho años en la Casa Blanca participando en el día a día de la política nacional junto a su marido. Además de eso, si es elegida contará con un asesor de lujo.
  • Abnegación. El feo asunto de Mónica Lewinski y su "relación" con Bill Clinton en el Despacho Oval, le ha hecho ganar puntos ante un grupo importante de mujeres estadounidenses. El modo digno en que paso por todo aquel trago sin dar el espectáculo ha hecho que muchas madres conservadoras, las mismas que la aborrecían antes, ahora la vean con mucha simpatía.

En la columna de lo NEGATIVO (-):

  • Protagonismo. Son muchos los que todavía recuerdan a Hillary como esa Primera Dama a la que le gustaba tanto salir en lo medios en lugar de dedicarse a elegir sofás, preparar recepciones y hacer de florero, que es lo que hicieron la mayoría de sus antecesoras. Eso no juega muy bien con el voto de las amas de casa en general y de las conservadoras en particular. Curiosamente, LAS votantes castigan más el feminismo que LOS votantes.
  • Bill. El ex- presidente ya reconoció antes de llegar al cargo que conducta en el matrimonio "no había sido perfecta" y el asunto Lewinski sólo vino a confirmarlo. Dos años de campaña son muy largos y la prensa seguirá cada uno de los pasos de Bill. Si le da por meterse en líos de faldas, como ha hecho en el pasado, se sabrá. Las consecuencias para la campaña de su mujer serían impredecibles.
  • Fiasco. Hillary se dio un buen trastazo en la única iniciativa política seria que emprendió durante su estancia en la Casa Blanca. En 1993, su marido la encargó presidir un grupo de trabajo para redactar una reforma de la Sanidad para que todos los estadounidenses recibieran cobertura médica. El "Plan Hillary" fue un desastre que enfadó a demasiada gente y no llegó ni siquiera a votarse en el Congreso, a pesar de que los demócratas tenían una amplia mayoría en ambas cámaras.
  • Mujer. Tan rancio como suena. Son muchos los analistas que piensan que el pueblo estadounidense no está preparado todavía para poner a una mujer en el Despacho Oval. Puede que las personas dispuestas a cambiar su voto por una cosa así sean muy pocas, pero todo indica que éstas van a ser unas presidenciales muy reñidas. La diferencia puede estar, como en el 2000, en un puñado de votos.

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